Veganismo y personas mayores: tengo 78 años y una salud de hierro 

Sandra Manríquez, @laabuelivegana 

A los 63 años me hice vegana, y a los 78 tengo la salud de hierro que nunca imaginé. Existe una idea muy grande de que ciertos cambios de vida —sobre todo aquellos vinculados a la alimentación— tienen una especie de fecha de vencimiento. Se piensa que después de determinada edad el cuerpo ya no se adapta, que las costumbres están demasiado arraigadas, o que ciertos hábitos “de toda la vida” son intocables. Yo soy la prueba de que esa idea es falsa y en un mes que se dice, los adultos mayores debemos cuidarnos más, me gustaría reforzar. 

Tengo 78 años y vivo en el litoral central, en la Quinta Región. Mi historia empezó hace 15 años, cuando mi hija rescató a una chanchita recién nacida que todavía tenía el cordón umbilical. Yo me hacía cargo de ella mientras mi hija trabajaba, y con el tiempo esa bebé que luchaba por vivir sin su madre se convirtió en parte de nuestra familia. La llamamos Monty. Al estar en contacto diario con ella comprendí muchas cosas que antes no entendía: no tenía absolutamente ninguna diferencia con un gatito o un perrito. El día que comprendí todo esto, lloré mucho y le pedí perdón por el daño que había hecho durante mi vida al contribuir a la explotación de los animales. Y eso que siempre estuve cerca del veganismo, porque mis hijas son veganas hace más de 30 años y yo siempre las apoyé, pero nunca había hecho la conexión hasta que llegó Monty. 

El cambio no me llegó en un momento cualquiera. Tenía 63 años, diabetes desde joven y naturalmente los doctores que me atendían estuvieron en contra cuando decidí modificar mi alimentación. Lo hice igual, junto a mi viejo, con quien hicimos un cambio de vida profundo. Hoy, a los 78, tengo una salud de hierro. No me enfermo nunca, tengo todos mis niveles excelentes y mucha energía. Periódicamente me hago exámenes a petición de mi diabetóloga, que siempre me felicita; soy diabética y el veganismo me ha ayudado mucho con mi enfermedad. Soy vegana por los animales, pero es indiscutible que también ayuda a la salud. 

Cuando Monty falleció, en su honor decidimos dedicarnos al activismo por los animales. Como siempre me gustó cocinar —trabajé de maestra de cocina en los veranos para pagarme la universidad—, empecé un emprendimiento de colaciones veganas a precio consciente. Para mí es fundamental no alejar a las personas del veganismo con precios elevados. Empecé sola hace más de seis años y hoy en el taller somos seis personas, todas veganas, cada una con su historia de esfuerzo. También voy a un club de adultos mayores, donde hago zumba y tango, y ahí guío a varios compañeros que quieren comer más saludable. No todos son veganos, algunos comen en base a plantas por su salud, y siempre los apoyo, porque cada persona que deja de consumir animales es una vida que se puede salvar. 

Comparto mi historia porque este mes la ONG Veganuary destaca testimonios como el mío para mostrar que el veganismo puede ser un gran aliado de las personas mayores, tanto para la salud como para la conciencia con la que decidimos vivir los años que nos quedan. La adultez mayor suele asociarse con restricciones, pero yo la vivo como una etapa de posibilidades: de aprender, de informarme y de decidir cambiar el rumbo con la misma fuerza de siempre. Y así como yo ayudo a mis compañeros del club, cualquier persona mayor podrá encontrar apoyo en Veganuary.es

Querer es poder. Nunca es tarde para hacer un cambio de vida, más aún si ese cambio beneficia a los animales y a la propia salud. Nuestro paso por este mundo tiene que ser sin dañar a nadie. 

¿Estás pensando en probar el veganismo?

Veganuary inspira y apoya a personas de todo el mundo para que prueben el veganismo en enero y más allá. Ya han participado millones de personas.
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